Noviembre 2009

Formatos de audio digital para escuchar y para archivar

No hace mucho he leído un par de discusiones sobre los formatos de audio digital y la “indistinguibilidad” del MP3 (MPEG-1, nivel 3, recordémoslo) y la fuente original. Evidentemente, o bien los voluntarios no han escuchado más que MP3 a lo largo de su existencia, o los equipos de sonido que usaron para las pruebas (auriculares incluidos) no eran de buena calidad.

Sí es cierto que para niveles suficientes de calidad de los componentes y dependiendo del grado de compresión deseado y del entorno en que se escucha la música, se puede lograr un compromiso más que aceptable usando un formato de compresión con pérdidas. Por motivos técnicos e ideológicos, mi formato favorito es el Vorbis (más conocido como “OGG” por el nombre del contenedor Ogg que lo suele incorporar): su calidad suele superar a la del MP3 de velocidad equivalente, además de ser un formato libre de patentes. La duda puede venir cuando necesitamos cierta, digamos, interoperatividad.

En ese caso, mi consejo es claro: capturar el audio en formato FLAC, conservando sin pérdidas el sonido original y (esta, además del ahorro en espacio, es la diferencia más interesante con respecto al formato WAV) permitiendo almacenar las etiquetas de la música como comentarios Vorbis: autor, álbum, fecha, etc. Como suele decirse, hoy en día el espacio en disco (especialmente el externo) es barato.

Posteriormente, dependiendo de nuestras necesidades, podemos generar a partir del fichero FLAC otro OGG, MP3 u otros formatos. En el primer caso, la conversión de etiquetas es directa y el propio programa oggenc se encarga de ello. Para el formato MP3, necesitaremos alguna ayuda extra (flac2mp3 me viene a la cabeza). En mi caso, dado que tanto en el ordenador como en mi DAP tengo la posibilidad de escuchar Vorbis (tanto con el firmware original como con RockBox), es a OGG a lo que he convertido mi música. ¡Problema resuelto y con formatos libres!

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Cómo llevar Linux en el bolsillo (una vez más)

¿Con un PDA como el Sharp Zaurus? Una respuesta clásica, si se me permite la licencia.

¿Instalándolo en algún PDA de Palm o de HP? Buena respuesta, pero tampoco es la que busco.

¿Poniendo RockBox en nuestro reproductor de audio digital (DAP)? ¡Premio! No sólo por el acertijo, también por la funcionalidad.

En efecto, si bien hace algún tiempo que mi DAP favorito (SanDisk Sansa Fuze) recibió una actualización de su firmware que le permitía reproducir formatos como Vorbis y FLAC, lo cierto es que el video siempre ha sido considerado un “ciudadano de segunda” (por decirlo suavemente). Aunque no está pensado específicamente para ello ni es mi prioridad, la reproducción de formatos de video no propietarios ni ligados a un conversor que sólo funciona en *indows me animó a probar RockBox. Y la experiencia mereció la pena.

Basado en el popular núcleo Linux, RockBox contiene una completa aplicación para la gestión del DAP, pudiendo reconfigurarse hasta límites insospechados y logrando superar una de las carencias actuales del firmware del Fuze: la reproducción de álbumes sin cortes entre pistas (¿quién ha dicho “como la versión musical de La guerra de los mundos de Jeff Wayne”?). De regalo, obtendremos la reproducción de videos en formato mpeg (aunque aún de manera imperfecta), de ficheros midi y diversos juegos (entre los cuales se puede destacar el Doom y el emulador de ZX Spectrum).

¿Es Rockbox para todo el mundo? No, puesto que no funciona en todos los DAP que existen, y no es estable en todos los soportados. Igualmente, la pléyade de opciones puede confundir a usuarios menos exigentes. Sin embargo, para mí ha merecido la pena ampliamente. Tanto, que ya no espero las actualizaciones de SanDisk, sino las de RockBox.

Quién sabe: lo mismo me da por instalarle alguna versión inestable a ver qué se cuece. Mientras tanto, seguiré disfrutando del software libre también en mi bolsillo.

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Android, la nueva promesa de la Informática móvil

En otro diario colectivo ya mencioné mi elección de un teléfono con sistema operativo Android como sustituto de mi fiel Palm TX. Sin embargo, no sería justo encuadrarlo en la categoría de PDA (entendido como organizador personal), sino más bien como ordenador de bolsillo.

En efecto, después de unas semanas de uso, de un par de pasos de aros (GOOG, te odio cordialmente) y de la instalación de algunas aplicaciones, puedo decir que mi HTC Magic ocupa un lugar parecido, aunque en menor escala, al de mi Aspire One como herramienta del Administrador de Sistemas. ¿Quién dijo que la tecnología no daba la felicidad? :)

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