No “cómo escribir un libro”. En este artículo quiero hablar muy someramente del proceso de creación de un libro con herramientas libres que están disponibles en sistemas *nix populares. Nuestro objetivo es alcanzar un resultado profesional con el mínimo esfuerzo necesario, obteniendo un fichero PDF que pueda enviarse a imprenta (algunas admiten otros formatos, pero este será el que nos dé menos sorpresas al final). Esto es válido tanto para la tripa (el interior del libro) como para la cubierta (el exterior). No hablaré de la sobrecubierta, pero se aplicarían los mismos principios que para la cubierta. Comenzamos.
Lo primero, es la elección del sistema para escribir el libro. Sobre esto hay dos grandes escuelas: la de los procesadores de textos y la de los editores separados del sistema de formato. Si eres nuevo en esto, o vienes de usar un procesador de textos, mi recomendación es el uso del formato OpenDocument. Algunos productos libres que lo editan son OpenOffice.org (tal vez el más recomendable), KWord (de la suite KOffice) y Abiword. Con ellos te sentirás como en casa. OpenOffice.org puede exportar directamente a PDF; los otros no lo sé, pero siempre se puede instalar la impresora virtual CupsPDF y generarlo tranquilamente.
Si, por el contrario, estás acostumbrado a usar $EDITOR (sin olvidar que hay un mundo más allá de Emacs y vi), y tu formación es tećnica, es probable que prefieras un sistema de formato aparte. Por experiencia, recomiendo vivamente LaTeX, aunque también existen alternativas como Lua, DocBook y hacerlo directamente en HTML (esta opción sólo la he empleado para documentos cortos). Me gustaría señalar que los formatos de la familia de ROFF se han usado profusamente en otros tiempos para estos menesteres. Mi experiencia personal con LaTeX ha sido tan satisfactoria que, a pesar de un corto romance con OpenOffice.org, regresé alegremente y no me he arrepentido. Por lo menos puedo decir que he probado ambos mundos.
Es MUY IMPORTANTE que, sea cual sea el método empleado, nos aseguremos de que el PDF generado contiene todas las fuentes tipográficas que vayamos a usar. Para verificarlo, basta con ver las propiedades del documento final (con evince, Adobe Reader o cualquier lector de PDF decente).
Una vez elegida nuestra herramienta, será necesario familiarizarnos con ella. Para conseguirlo, nada mejor que acceder a una buena documentación. Hay buenos manuales, dentro y fuera de internet, por lo que en cuanto notemos que nuestros conocimientos flaquean, no debemos dudar en consultarlos. En este aspecto, los procesadores de textos son probablemente más fáciles de usar para el usuario ocasional.
Sea cual sea la herramienta elegida, recomiendo vivamente el uso de plantillas. El objetivo final es producir un PDF con un formato determinado, para lo cual debemos auxiliarnos de una documentación adecuada. Si lo tuyo es aprender cómo se hacen las cosas profesionalmente en cuanto al formato del libro, de la página y del texto, lo mejor será consultar con alguna obra especializada sobre composición tipográfica. Si, por el contrario, no tienes esa necesidad o estás pensando en contratar los servicios de una imprenta (ya sea “bajo demanda” o “tradicional”), es bastante probable que te puedan orientar con algún manual al efecto. En cualquier caso, una rápida consulta con quien tenga que poner sobre el papel tus palabras te dará la respuesta de cómo distribuir las páginas y qué medida del papel usar. Como dije antes, el uso de plantillas te van a permitir cambiar fácilmente la distribución del material sobre la página en toda la obra, así como las tipografías a usar, sin tener que ir cambiándolo fichero por fichero. Cuando tienes más de 50 capítulos, esto puede marcar la diferencia. Con LaTeX, este problema viene resuelto de serie, pero con OpenOffice.org puede y debe hacerse. Basta con elegir estilos lógicos (y no físicos) para los encabezamientos y el cuerpo, para que con un simple cambio todos muten simultáneamente. Insisto, el uso de plantillas nos puede ahorrar un trabajo inmenso, hasta el punto de que algunas imprentas las facilitan.
Una vez terminada la obra (¡qué fácil es decirlo!), ya tendremos la tripa preparada. Llega el momento de preparar la cubierta. De nuevo, la imprenta nos dirá el tamaño del fichero (en cm o en puntos o en la medida con la que trabajen ellos) que le tenemos que facilitar. Hay que tener en cuenta la parte que ellos cortarán, así como el lomo. De ahí que sea necesario saber exactamente el número de páginas de la tripa para determinar las dimensiones exactas. Puede que nos pidan una imagen a una determinada resolución.
Supongamos que dicha imagen es en formato JPEG a 300 puntos por pulgada. Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la imagen debe ir en la máxima calidad posible, lo que en el caso de JPEG significa que hay que generarla sin usar compresión, es decir, calidad 100%. La compresión del formato JPEG es con pérdidas, a diferencia de, por ejemplo, la del formato PNG. Para ello, podemos usar muchos programas, cuya elección dependerá de cómo tengamos pensado crear la cubierta. La cubierta anterior debe contener el nombre de la obra y el del autor o autores (información que repetiremos en el lomo), siendo típico incluir alguna imagen que represente el contenido o que inspire al lector ganas de leer la obra. La cubierta posterior suele contener un “gancho” (si es ficción) o un resumen (si es ensayo o libro técnico), así como una breve biografía del autor, además del ISBN (si lo tenemos) y su código de barras asociado. El nombre de la editorial y la colección también estarán aquí, además de en el lomo.
Queda claro que la cubierta posterior puede tener menos necesidades gráficas que la anterior, por lo que aquella podría componerse directamente con el mismo sistema que la obra; mientras que la anterior puede requerir cierta edición gráfica. En este último caso, dependiendo de si nuestra imagen es vectorial o no, podemos tratarla con inkscape o con GIMP, respectivamente. En mi caso, para una obra de reciente creación, generé tanto la cubierta anterior como la posterior con LaTeX, y después las ensamblé con inkscape, añadiendo en este último paso la información del lomo.
Para el código de barras del ISBN podemos emplear el paquete pst-barcode de LaTeX y generarlo directamente en el documento. Si no es nuestro caso, podemos buscar e instalar alguno de los generadores de códigos de barras libres que hay, o bien visitar una de las páginas de internet que existen a tal efecto.
Una vez enviadas la tripa y la cubierta, será preceptivo verificar el resultado para cerciorarnos de que todo está en orden. Lo que hagamos después, dependerá de que nuestra intención sea publicar, vender, repartir, o engordar nuestro ego. Una nota final: si nuestro objetivo es distribuir la obra en formato electrónico, no estará de más considerar la conversión a otro formato más idóneo para tal fin; o bien, crear una versión PDF adaptada a los lectores de libros, con márgenes, tipografías y tamaños de letras adecuados. El papel y la pantalla son medios distintos que tienen diferentes necesidades.
Rafa | 28-May-10 at 6:19 pm | Permalink
Supongamos que tengo el texto hecho en Word. Me decido a intentar publicarlo o al menos dale un formato de libro para los que van a usarlo. Mis opciones son:
Juntar los 15 documentos de word (350 paginas) en uno solo y repasarlo
Me han instalado el Winedt para pasar el texto a Latex y en caso de publicar modificar el formato qeu me pidan, pero es la primera vez que toco el latex
Pasarlo a Open Office,pero en ese caso creo que tengo el mismo problema que cn Word, que tengo que buscar plantillas, estilos.. y no sé que puede hacerse con cada uno de ellos.
Por ejemplo, generar indices automáticos ¿lo hace LAtex o Open Office?
Referncias cruzadas a la bibliografia?
Referencias a las imaganes? (que se actualicen solas cuando haces modificaciones.
..
y sobre todo ¿plantillas?..porque me criterio estético no es muy fino.
Puedes profundizar un poco más en estos programas libres
Francisco Escobedo | 30-May-10 at 12:38 pm | Permalink
Rafa, la pregunta no tiene una respuesta fácil, así que vamos a repasar las opciones una a una.
Si ya tienes tu documento en Word (que sólo he usado para lo básico), sabes manejarlo y no te quieres complicar demasiado la existencia, yo miraría la manera de hacer un “documento maestro”, al cual irían vinculados los 15 que ya tienes. Esta es la técnica que usé en cierta ocasión cuando traté de pasarme de LaTeX a OpenOffice. Aunque acabé volviendo, fue muy útil crear una plantilla de documento con todos los estilos que necesitaba, que apliqué únicamente al documento maestro. El resto de documentos (los capítulos) los dejé sin estilos para que los heredasen del maestro. Al crear el PDF, todo estaba donde tenía que estar. La única pega de este sistema es que si quieres imprimir o exportar a PDF un capítulo, tienes que hacerlo desde el documento maestro, no se puede usar uno suelto porque no tiene los estilos. Estoy completamente convencido de que esta técnica también funciona en Word, y desde luego para documentos muy largos siempre creo que es mejor dividirlo, como lo tienes tú, y vincularlos al maestro en vez de juntarlos.
Pasarlo a OpenOffice te puede reportar una serie de ventajas, pero si ya sabes manejar Word, casi me parece más recomendable que profundices en él. Imagino que ya lo sabes, pero un estilo define cómo se va a representar determinado elemento (por ejemplo, un párrafo, un título de capítulo, un pie de página…). Si los juntas en un fichero, lo puedes usar de plantilla, y al aplicarlo a un documento (el maestro en este caso), puedes crear varios documentos con las mismas características, o cambiar las que ya tengas en una sola operación. Por ejemplo, si estás confeccionando manuales de instrucciones, tendrían todos la misma presentación, lo cual es muy deseable.
En LaTeX, se comienza con un tipo de documento (carta, artículo, libro…) y se crea un documento maestro igualmente donde puedes definir tu estilo a aplicar. Es un poco más complicado, pero lo cierto es que una vez que lo tienes, aplicarlo es trivial, por lo que es el sistema que yo uso.
Los índices automáticos los hacen todos, Word, OpenOffice y LaTeX. Las referencias bibliográficas las he visto hacer en LaTeX con el paquete bibtex. En cuanto a las referencias a las imágenes, creo que en todos se le puede dar a una imagen una etiqueta para poderla luego referenciar. Lo mismo con los párrafos o con las páginas: eso de mirar dónde queda para luego poner la referencia a mano es cosa (muy) del pasado.
Con respecto al criterio estético, ríos de tinta han corrido hablando de ello y aunque hay diversas escuelas y tradiciones, una idea debe sobresalir: que sea legible. Para ello, no sólo hay que considerar la tipografía y su tamaño, sino los márgenes y el interlineado. Hay mucha información en internet, no me atrevo a recomendarte libros porque por experiencia sé que puedes pasarte proporcionalmente más tiempo preocupado por el estilo que por el contenido, y tampoco se trata de eso.
Y un último consejo: a menos que tus lectores tengan cinco años, no uses la tipografía “Comic Sans” :)