Hace ayer justo un par de semanas tuve uno de esos días de trabajo en los que las tareas llegan espaciadas y con cuentagotas. Y, además, más tarde de la hora a la que debería salir (¿tenemos realmente horario los administradores de sistemas?). Así que, para pasar el rato, decidí actualizar mi portátil del trabajo de CentOS 5.0 (qué gran sistema; todos sabemos de quién lo hereda) a Fedora 10. El motivo principal para mí eran las mejoras en la gestión automática de redes con NetworkManager. Sólo por eso, estaba dispuesto a darle una oportunidad a Gnome y su entorno integrado de red, al que nunca me he acostumbrado.
Algunas noches (como la de ayer) nos toca hacer pasos a producción, y la verdad es que la perspectiva teórica de quedarnos sin red me producía escalofríos. Nunca nos había ocurrido, eso es cierto; pero no sólo dependemos de nuestra conexión ADSL para salir al exterior: el CVS principal también está en nuestras instalaciones, por lo que si nos quedásemos sin conexión, tendríamos que aplazar toda la operación a otro día, con las molestias que ello acarrea.
Así que, animado por la posibilidad de compartir red y servir a otros a través de una conexión HSDPA, GPRS o similar, hice copia de mis datos, instalé Fedora 10 y restablecí mis datos. Todo ello, en las pausas entre tareas de subidas a preproducción. Después de cambiar unos ajustes, o dejé todo más o menos a mi gusto. Al día siguiente me embarqué en la tarea de migrar mi correo a Evolution, para darle una oportunidad más (en el pasado lo encontré demasiado lento). Pero esa es otra cuestión.
Cada vez que alguien me preguntaba por qué me había pasado a Fedora 10 en el trabajo, le contestaba lo mismo: “por la posibilidad de compartir la conexión de red”. No imaginaba entonces que ese mismo viernes nos iba a salvar la vida (más o menos).
Teníamos una subida a preproducción, y nuestro proveedor de ADSL tuvo una avería de las grandes (que llegó a durar más de 18 horas). Había que tener acceso al CVS desde el exterior, así como enviar las aplicaciones, además de que varios miembros del equipo necesitaban comprobar el correcto funcionamiento. ¿Qué hacer?
¡Fedora 10 al rescate! Conecté al portátil el módem USB HSDPA de Vodafone para salir a internet, conecté la red de cable para acceder a la red local y preparé una red inalámbrica compartida para que mis compañeros pudieran conectarse (afortunadamente, todos teníamos portátiles con conexión Wi-Fi). Sólo tuve que añadir a mano la ruta implícita para salir a internet, el resto funcionó gracias a la magia de NetworkManager.
El CVS seguía sin verse desde afuera, pero me pude traer los proyectos a mi ordenador y enviarlos en bonitos paquetes .tar a los servidores correspondientes. Una vez allí, compilamos los proyectos, los desplegamos (bonito palabro) y los echamos a andar como normalmente. Mientras tanto, mis compañeros probaban las aplicaciones, actualizaban las bases de datos o editaban las configuraciones para ajustar los parámetros que habían cambiado con toda normalidad, salvo que la velocidad de acceso era algo menor.
Gracias a este mecanismo, pudimos ahorrarnos tener que conectarnos el sábado para hacer la misma tarea, pero cada uno cómodamente en su casa en vez de pasar frío en la oficina un viernes desde las 16:30 hasta eso de las 20:00. Espera, al final tal vez no fue tan buena idea después de todo :P
blogring.org | 20-Dic-08 at 7:51 pm | Permalink
Blogring for cvs…
Blogring for cvs…