No hace mucho he leído un par de discusiones sobre los formatos de audio digital y la “indistinguibilidad” del MP3 (MPEG-1, nivel 3, recordémoslo) y la fuente original. Evidentemente, o bien los voluntarios no han escuchado más que MP3 a lo largo de su existencia, o los equipos de sonido que usaron para las pruebas (auriculares incluidos) no eran de buena calidad.
Sí es cierto que para niveles suficientes de calidad de los componentes y dependiendo del grado de compresión deseado y del entorno en que se escucha la música, se puede lograr un compromiso más que aceptable usando un formato de compresión con pérdidas. Por motivos técnicos e ideológicos, mi formato favorito es el Vorbis (más conocido como “OGG” por el nombre del contenedor Ogg que lo suele incorporar): su calidad suele superar a la del MP3 de velocidad equivalente, además de ser un formato libre de patentes. La duda puede venir cuando necesitamos cierta, digamos, interoperatividad.
En ese caso, mi consejo es claro: capturar el audio en formato FLAC, conservando sin pérdidas el sonido original y (esta, además del ahorro en espacio, es la diferencia más interesante con respecto al formato WAV) permitiendo almacenar las etiquetas de la música como comentarios Vorbis: autor, álbum, fecha, etc. Como suele decirse, hoy en día el espacio en disco (especialmente el externo) es barato.
Posteriormente, dependiendo de nuestras necesidades, podemos generar a partir del fichero FLAC otro OGG, MP3 u otros formatos. En el primer caso, la conversión de etiquetas es directa y el propio programa oggenc se encarga de ello. Para el formato MP3, necesitaremos alguna ayuda extra (flac2mp3 me viene a la cabeza). En mi caso, dado que tanto en el ordenador como en mi DAP tengo la posibilidad de escuchar Vorbis (tanto con el firmware original como con RockBox), es a OGG a lo que he convertido mi música. ¡Problema resuelto y con formatos libres!
Post a Comment